AGRICULTURA ECOLÓGICA Y BIODIVERSIDAD

Otro de los argumentos que se escucha frecuentemente entre los agroecólogos es el tema de que la
agricultura ecológica fomenta y respeta la biodiversidad. Esta afirmación tiene dos aspectos. ¿De qué
hablamos? ¿De la biodiversidad de especies que cultivamos? ¿De la biodiversidad del entorno del
campo? Cuando uno lee la publicidad no es fácil saber exactamente de qué te están hablando.
Trataremos de ver los dos aspectos.
¿La agricultura ecológica respeta la diversidad del entorno? Vamos a ver, en el momento en que
coges una azada, cavas un hoyo y pones una semilla estás alterando de forma irreversible la
biodiversidad y el equilibrio ecológico de ese suelo. Nada más usual que un agricultor quite las
malas hierbas de un terreno antes de sembrar. El problema es que lo que para el paisano puede ser
una mala hierba, para un botánico igual es un endemismo de alto valor ecológico, y el criminal del
agricultor va y la quita para poner una semilla que además no es natural y que va a impedir que
prolifere libremente la biodiversidad de la zona. Todos los procesos propios de la agricultura
(desbrozado, eliminación de plagas, etcétera) no tienen otro objeto que limitar la biodiversidad para
que la semillita crezca y se haga una planta grande y fuerte; por cierto, a la biodiversidad natural, el
agricultor lo suele llamar «plaga», «malas hierbas» o «parásitos».
El agricultor ecológico también utiliza pesticidas para controlar las plagas, perdón, la
biodiversidad natural del entorno. Por ejemplo, un fungicida típico es el cobre, que se utiliza, entre
otras cosas, como componente del caldo bordelés para las viñas. El cobre, con las lluvias, se filtra en
el suelo y ahí se queda. Es muy tóxico, sobre todo para las lombrices y nematodos, por lo que un
campo ecológico puede tener menos biodiversidad en el suelo que uno convencional.
Hace unos años se llevó a cabo un proyecto de cultivo ecológico de chirimoyas en Ecuador.
Obviamente, como no hay una normativa de producción ecológica, se aplicaba la europea, que era el
destino de la importación. Para controlar la principal plaga (la mosca mediterránea, un regalo
envenenado de los conquistadores españoles), el único insecticida disponible era el Espinosad. El
problema es que se cargaba al insecto polinizador y perdieron la cosecha. La solución fue embolsar
las flores una a una, algo que pudieron hacer porque la hora de trabajo en Ecuador se paga de forma
miserable, pero que en Europa habría sido inviable…; ¿te suena a neocolonialismo y explotación? No,
no es eso, no seas mal pensado, hablamos de agricultura ecológica. Por lo tanto, la mejor forma de
respetar la biodiversidad del suelo es no sembrar y no dedicarlo a la agricultura. En el momento en
que metes la azada en el campo ya la hemos liado. Otro olvido frecuente de los defensores de la
agricultura ecológica cuando hablan de su método de producción y presumen de que en la agricultura
ecológica hay una integración con el entorno y el medio natural, es el hecho de que gran parte de la
producción ecológica, sobre todo la que se dedica a la exportación, se hace en invernadero, bajo
plástico y de forma industrializada. Esto hace la interacción con el medio natural imposible; una
pared y un habitáculo climatizado para aguantar el sol de Almería lo impide. El problema es que el
plástico de estos invernaderos a veces llega al mar y acaba asesinando ballenas, toda una cruel
paradoja.16
Ahora vamos a la segunda parte. Olvidemos la interacción del campo cultivado con el entorno
(que a veces existe y se impide con pesticidas, y otras veces ni siquiera eso) y hablemos de lo que se
cultiva. Otro argumento que publicitan es que fomenta la biodiversidad en los cultivos. Aquí habría
que concretar que utilizan de forma errónea el término biodiversidad, puesto que la definición hace
referencia a la biodiversidad natural, es decir, a aquella que se ha producido por selección natural, y
no por selección artificial. Agrodiversidad o diversidad cultivada serían términos más precisos.
Comparar la biodiversidad con la agrodiversidad es como comparar el producto interior bruto de
Lesotho con el de toda la Unión Europea. Seguramente me quedo corto. En un metro cuadrado de
selva amazónica hay más biodiversidad que todas las especies cultivadas del mundo, de la misma
manera que hay más biodiversidad en un campo abandonado que en todas las especies de tomate que
se cultivan en España. También hay que considerar que las diferencias genéticas entre dos variedades
diferentes de la misma especie suelen ser ínfimas. Vienen a ser variaciones sobre un mismo tema.
Nos puede parecer que el aspecto y el sabor son diferentes, pero a nivel de su genoma las diferencias
son mínimas. Pensar que con la biodiversidad cultivada puedes compensar el daño que le haces a la
biodiversidad natural por cultivar el suelo es como pensar que rezando un padrenuestro saldremos de
la crisis.
Ahora hay una especie de frenesí por las variedades locales. Parece que el calabacín de tu pueblo
es mejor que el calabacín del pueblo de al lado. Otro gran error. Gracias a la genética clásica y a la
genética molecular hemos podido descifrar la historia evolutiva de la mayoría de especies que
cultivamos. Casi todas surgieron de las llamadas zonas de irradiación que se encuentran alrededor de
los trópicos. Estas zonas se encuentran en el norte de los Andes, en Centroamérica, en África, en el
Creciente Fértil (zona en forma de horquilla que va desde Egipto, Israel, Turquía y entra en la antigua
Mesopotamia, y de donde proceden la mayoría de cereales) y la zona austral asiática, que comprende
el sudeste asiático, el este de China, Indonesia y el norte de Australia (en algunos libros la zona china
y la zona de Australia aparecen como independientes).
Apenas hay especies cultivadas que procedan de Europa o de Estados Unidos (la familia de las
brasicáceas, las manzanas y poco más). Esta querencia por las variedades «locales» recuerda a
cuando un americano blanco, anglosajón y protestante (comúnmente llamado WASP) reivindica el Ku
Klux Klan diciendo que ellos son los verdaderos norteamericanos. Siempre olvidan a los nativos
americanos que llegaron antes, aunque a su vez en alguna época sus antepasados atravesaron el
estrecho de Bering. Cualquier variedad local en su momento fue una variedad foránea que a alguien
se le ocurrió plantar y que desplazó a una variedad local más antigua. Resucitar o volver a
comercializar una variedad en desuso puede ser interesante como curiosidad, pero difícilmente es
una alternativa o una mejora.

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